mercredi, juin 17, 2009

Del uso indebido

Anoche se fue la luz durante la cena. Después de un tiempo de espera y de haber perdido el apetito pensé en salir a comprobar si era sólo en casa o afectaba a los vecinos. Cuando llevaba la mitad de los cincuenta metros de trayecto que me separan del más cercano de ellos me di cuenta que había salido en mitad de la noche con una camiseta y un pantaloncillo. Ya desde la verja hablé con mi vecina y al momento se acercó otro con su hijo de unos seis años y un perrito. Unos minutos para informarnos sobre qué estábamos haciendo cada uno y para confirmar que era en todas las viviendas. Y camino de vuelta. Allí, en plena oscuridad, donde las personas perdían los rasgos de la cara y sólo eran siluetas y sombras con voces reconocibles pensé en que no había tenido miedo en salir apenas con una linterna a la calle, sin el perro cerca, y en pijama. Sólo era un ejemplo extrapolable. Pensé entonces en lo relativo de las cosas, de las situaciones y en lo indefinido de las palabras. Y asumí que la desnudez es un estado de ánimo.

El libro estará en septiembre. Mientras, quedan días de sol salvaje y noches largas y únicas. Mientras, queda tiempo para ordenar el armario y la vida, pero eso ya es otra historia.